Otorgan la Medalla de la Fundación Ricardo Alegría a Roberto Ramos-Perea
![]()
El día 13 de mayo de 2011, en una reunión privada en la residencia del Dr. Don Ricardo Alegría en San Juan de Puerto Rico, el Prof. Roberto Ramos-Perea fue galardonado con la MEDALLA DE LA FUNDACIÓN ALEGRÍA:”En reconocimiento a su patriótica labor en defensa, conservación, fomento y divulgación de la Cultura e Identidad Nacional y en particular por su labor en el desarrollo y enriquecimiento de las Artes Teatrales. Ricardo Alegría.”
Ricardo E. Alegría 23 de septiembre de 2010”
La FUNDACIÓN ALEGRÍA es una sociedad sin fines de lucro, organizada y dotada por su fundador, el Dr. Ricardo E. Alegría. La Fundación tiene como propósito primordial reconocer a las personas e instituciones que hayan hecho una contribución notable en la defensa, conservación, divulgación y en el fomento de las diversas manifestaciones de la cultura nacional de Puerto Rico. La Fundación Alegría ha dotado a la Academia Puertorriqueña de la Historia y a la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española para que, durante un número de años y en colaboración con los Departamentos de Estudios Hispánicos e Historia de la Universidad de Puerto Rico (Recinto de Río Piedras), otorguen un premio y la medalla de la Fundación a aquellos estudiantes que más se hayan destacado en sus estudios e investigaciones de Historia y Literatura puertorriqueña.![]()
El Prof. Roberto Ramos-Perea, es dramaturgo y cineasta puertorriqueño, Historiador del Cine y el Teatro Nacional, periodista, Rector del Conservatorio de Arte Dramático del Ateneo Puertorriqueño y fundador del Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño. Otros recipientes de este galardón lo han sido el Dr. Marcelino Canino, el Dr. Osiris Delgado, El Lcdo. Juan Mari Brás, la historiadora Marisa Rosado, el Lcdo. Willie Miranda Marín (Póstumo), entre otros destacados puertorriqueños.
LETRAS SALVAJES Nueva época, número 1
LETRAS SALVAJES
Revista de literatura, arte y pensamiento de alta velocidad
EDITOR: ALBERTO MARTINEZ-MARQUEZ
¡HACER CLICK EN LA IMAGEN PARA DESCARGAR!
↓
Nueva época, número 1
Ser o no ser, ese es el asunto, ¡viva nuestra juventud!
Por Marcelino Canino Salgado
Catedrático Jubilado de la UPR, Recinto de Río Piedras
Algunos estudiosos de la historia y cultura de Puerto Rico han puntualizado, cómo desde los inicios de la colonización española, hasta bien entrado el siglo XIX, la isla estaba rezagada de los movimientos científicos, literarios y culturales en general, que ocurrían en la metrópoli. Si bien es cierto que, por un lado, el ser territorio de ultramar atrasaba la llegada de todo lo novedoso, pruebas documentales, sin embargo, dan constancia de que el retraso no era tan significativo. Un vistazo a los registros de naves durante el periodo de colonización de los españoles a la isla de Boriquén, demuestra cómo el establecimiento de las estructuras políticas y militares del reino, significaron, además, y de inmediato, la implantación de unos estilos de vida, gustos, preferencias, prejuicios, creencias religiosas y todo aquello que hoy llamamos un poco superfluamente las “mentalidades”. La cultura material de subsistencia: víveres, medicamentos, aperos de labranza, herramientas de todo tipo, además de las armas, llegaron junto a libros de variada naturaleza. Una muestra del macrocosmos de la civilización española de aquel entonces trasladada sin miramientos algunos a una pequeña isla virgen.
Los indígenas nuestros fueron obligados a aceptar todo este andamiaje que sustentaba la vida de los colonos españoles. El cambio fue drástico para los aborígenes y el resultado no se hizo esperar: Rebeliones cruentas, rápidamente apagadas por los nuevos amos, nuevas enfermedades desconocidas por los indígenas, explotación en el lavado de oro en los ríos, esclavitud, trabajos a los que no estaban acostumbrados y el sometimiento a una nueva fe en el orden espiritual. La población aborigen fue diezmada significativamente en menos de 26 años y ya para el siglo XVIII no se hablaba más de “población indígena”. A principios del XIX este exiguo renglón demográfico fue eliminado de los censos oficiales.
En cierta medida la población aborigen se mezcló con la de los españoles. El censo de Lando demuestra la semilla de la gestación de un nuevo producto humano: los criollos. Más tarde, la introducción de negros esclavos a la isla para sustituir la ya perdida mano de obra indígena, añadió un nuevo elemento al crisol donde se fraguaba lo que habría de ser posteriormente la base genética del pueblo puertorriqueño. Este crisol, como alquitara experimental, estuvo abierto hasta casi el último tercio del siglo XIX, cuando todavía llegaban destripaterrones gallegos, andaluces y canarios… Podría decirse que el crisol de amalgamas no ha sido serrado aún… En este aspecto son sumamente importantes las observaciones que sobre nuestra composición antropológica hiciera el escritor José Luis González en la década de los ’70. Siempre nos han parecido simplismos reduccionistas las teorías que establecen que somos una mezcla de esto, más aquello, más lo otro, cuyo producto final es el puertorriqueño. La identidad es algo mucho más profundo que una simple ecuación reduccionista. Más allá de las diversas recetas o catálogos de lo que aportaron las etnias de nuestro substrato está el principio de la identidad, lo que el maestro Eugenio Fernández Méndez denominó “la esencia del ethos puertorriqueño”, aquello que nos une y nos hace solidarios en los momentos en que sobrevienen las grandes crisis materiales y espirituales. Ya no hay indígenas, pero quedaron los caciques, ya no gobiernan los españoles, pero sigue la colonización en varios sentidos, ya se abolió la esclavitud negra, pero padecemos otros tipos de cruentas y ominosas esclavitudes en todos los espectros de la escala socioeconómica y sociocultural. Y es evidente que estos elementos a los que acabamos de aludir han sido en gran medida fermento de nuestras grandes divisiones sociales. Hoy, en los albores de el siglo XXI habrá que repensar aquella frase de Rosendo Matienzo Cintrón de que “No somos una muchedumbre…” Hay en efecto varios Puerto Ricos, y no se trata de estratificaciones o pisos como señaló José Luis González, sino más bien de un solo plano, como si fuera un tapiz de enrevesadas parcelas de actitudes y dominios, de estilos de vida. Si en el pasado seguíamos siendo trastámara, austriacantes y borbones, hoy nos redefinimos en populares-popularistas, estadistas-conservadores e independentistas-realengos que con un solo catalejo pretenden redescubrir el Mediterráneo.
Pensarnos como pueblo, analizar qué somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, no fue preocupación única de Antonio Salvador Pedreira y de Tomás Blanco. Hemos olvidado que antes de las postrimerías del siglo XIX, hombres como Manuel Alonso y Pacheco, Alejandro Tapia, Francisco del Valle Atiles , Salvador Brau, Rosendo Matienzo Cintrón y Eugenio María de Hostos, indagaban sobre el mismo asunto aunque desde distintas ópticas, pero con iguales intenciones : buscar el adelantamiento absoluto y total de la patria. Mas los sueños y esperanzas de algunos por lograr un Puerto Rico más justo y digno se convirtieron en un vano empeño. Después de varios intentos por conseguir la emancipación política de España, desde el fallido Grito de Lares en 1868, hasta la consecución de la Carta Autonómica en 1896, apenas probaron los puertorriqueños el bien sazonado fruto de amarguras y cárcel a que los sometió la carona española. Desafortunadamente la Invasión Norteamericana de 1898 acabó con los sueños de libertad y justicia de los puertorriqueños, no empece las promesas del General Nelson A. Miles. Puerto Rico y Cuba eran un apetecido bocado para los norteamericanos, e ignorando las futuras consecuencias de la ocupación de la Isla, muchos abrigaron falsas esperanzas en el nuevo régimen invasor. Los sistemas coloniales de aquí y de allá nos han perseguido como la Némesis por más de 600 años. Actualmente el sueño de los independentistas se convierte en pesadilla. Perseguidos por las estructuras de vigilancia norteamericanas, chantajeados por los yankífilos, faltos de un adecuado y oportuno liderato, los pocos independentistas que quedan andan como navegando a la deriva, sin un norte claro, en aguas cambiantes e infectadas de los tiburones del oportunismo de exiliados de todo tipo que han hecho de Puerto Rico el paraíso para los que vienen de afuera y el campo de concentración infernal para los que nacen y viven aquí y que luchan por el derecho inalienable de lograr el supremo valor de la libertad.
Culturalmente somos un pueblo heroico. A duras penas hemos defendido al español como la lengua vernácula, el vehículo doméstico con el que comunicamos nuestros más acendrados valores, sentimientos, angustias y protestas. Pero no se puede tapar el cielo con la mano. Cada día son más los enajenados que creen que ser perfectamente bilingües les hace personas superiores a los monolingües… Ser poliglota no significa ser más culto o más sabio que aquél que solo domina la lengua que le enseñaron sus padres. No se trata de negar la utilidad que tiene dominar dos o varios idiomas, sino de señalar que las motivaciones para ello no son tan humanas ni humanísticas como creemos, pues en nuestro caso particular no se trata solo del desarrollo individual, sino más bien de imponer unas estructuras de dominio, de grabarnos la impronta del “american way of life”, suprema aspiración de los esbirros y turiferarios locales del Tío Samuel. Sabemos que Roma pagó bien a sus servidores (traidores de sus patrias de origen) pero nunca los respetó. Cuantos disfrutan manjares por este estilo sin imaginar que tarde o temprano vendrá a sus paladares un amargo peor que el de la angostura.
Desaparecida, aniquilada la sacarocracia por los propios sacarócratas que, convencidos unos de los supuestos beneficios de la pequeña industrialización de la Isla, y animados, los otros, por intereses mezquinos que no les permitía aceptar las uniones de obreros y mejorarles a éstos sus exiguos salarios, convirtieron en chatarra una de las fuentes agrícolas más lucrativas del país. Y estos aristócratas del dril se refugiaron, tanto ellos y sus hijos en las carreras políticas y en las profesiones de cuello blanco. Incluyo sin miramientos en este renglón a aquellos que con la aristocracia de toga vivían la fantasía de la nobleza de sangre y abolengos del pasado. Otro tanto ocurrió con las restantes ramas de nuestra agricultura y ganadería que fueron hábilmente desmanteladas y aniquiladas para hacernos cada vez más dependientes del exterior y establecer así una economía de consumo que nos hizo cada vez más paupérrimos y hasta menesterosos.
Siempre he tenido la liviana sospecha de que aquellos hombres que configuraron la generación política de los ’40 fueron engañados y sorprendidos en su buena fe. Creyeron demasiado en el invasor, no tuvieron suspicacias. Y si no ocurrió así, peor para ellos, pues el juicio de la historia los verá siempre como oportunistas y traidores… Me resisto a aceptar la segunda posibilidad, pero al fin de cuentas, nadie sabe. Los documentos históricos dicen, pero los historiadores los hacen decir. Son dos cosas totalmente distintas, porque arrimar las brasas a sus sardinas es mala maña de muchos en casi todas las disciplinas del saber. ¡ Cuántas veces hemos repetido que la historia la hacen y editan los vencedores, a los vencidos solo les queda la literatura, la añoranza de lo que pudo haber sido y no fue, como dice un bolero del solar! Y nos refugiamos en esa literatura de añoranzas como se consolaron los cristianos peninsulares en el Planto por la Jerusalén conquistada… Y otros, cuyas inteligencias son notorias se escudan con los snobismos de última hora, acercando el funesto concepto de globalización a los quehaceres de nuestra cultura. Faltan serios estudiosos de la puertorriqueñidad, pero sobran los posmodernos y desafiliados y desafectos de todo.
No hay que perder las esperanzas, la solidaridad entre los pueblos iberoamericanos crece, lenta, pero con seguridad sorprendente. Los jóvenes universitarios día a día se hacen más conscientes de las injusticias sociales y de todo tipo que se dan en esta bendita tierra. En ellos está la esperanza, la esperanza de un futuro más justo y prometedor. Los mayores debemos aprender de ellos: sangre y fuerza del porvenir. ¡Ser o no ser, ese es el asunto!
La cultura local de la mojigatería
![]()
Por Marcelino J. Canino Salgado, Ph.D
La lingüística, esa ciencia que explica entre otras cosas el origen del lenguaje, sus formas y relaciones internas, su naturaleza exclusivamente humana y no divina, nos ha enseñado con meridiana claridad que el lenguaje es arbitrario y convencional. Esto en cristiano significa que el hombre inventó el lenguaje como vehículo de comunicación sin que mediara en el proceso fuerza de origen divino alguna ni coherencia lógica. Convencional, pues al ser aceptado por el grupo se convierte en un instrumento útil y, a través del tiempo se enriquece, se modifica, evoluciona.
Los lectores de la Biblia recordarán que una vez Yavé hubo creado a la naturaleza y al hombre, lo llevó ante su creación para que fuera el mismo Adán quien pusiera nombre a las cosas. Y así, porque si Dios todo lo sabe, evidentemente advirtió que la lenga humana aspira a la cabal comunicación entre sus semejantes, pero también es fuente de malos entendidos. De ahí la imagen funesta de la locura que se dio en la Torre de Babel. Bastan estos señalamientos para subrayar que los lenguajes humanos no tienen que ver nada con la moral y menos con las concepciones de la divinidad.
Recuerdo que en una ocasión venerable, nos visitó desde Roma el Papa. Los periódicos de entonces, aun los locales, reseñaban las actividades del ilustre prelado. Una revista local apuntaba como noticia de intimidad que:
“El Santo padre, después de un día atareado, comió poco y se retiró a sus aposentos a descansar; no obstante el Señor Cardenal de la ciudad, como gesto de cortesía hospitalaria, le envió con uno de los turiferarios de palacio, una suculenta papaya madura servida en bandeja de plata, porque según el Cardenal, esto sería provechoso para su salud”.
Resultó curioso que solo un grupo de betas cubanas y de devotos cubanos se escandalizaron al pensar que el Santo padre había dormido con una cuarentona… Recordemos que en la hermana isla de Cuba papaya significa- para ser finos- la manzana de Eva, y hay que decir allí, fruta bomba o lechosa.
En tierras de Acapulco, la región de los ojos tapatíos, enterados de esas variedades lingüísticas y léxicas entre dos islas hermanas separadas por tan poco espacio de mar caribeño, las bromas no se hicieron esperar. De inmediato circuló un “No es lo mismo”, donde semánticamente se establecían diferencias “tajantes” entre:
“No es lo mismo la papaya tapatía
que tía, tápate la papaya”
Y este problema de las diferencias léxicas y las mal llamadas malas palabras, ha traído serios enredos. Algunos se han dilucidado a mayetazos con risas y carcajadas en los tribunales del país. Las argumentaciones en vías de probar la no existencia de malas palabras, muchas veces llegaron hasta cuasi sutilezas teológicas que planteaban el principio de las justicias divinas… ¿ Cuan justo sería un Dios que permite a los españoles decir “bicho” a los insectos porque en España los bichos pican y acá en Puerto Rico levantan chichones en los vientres de las doncellas? ¡ Qué barbaridad dirían algunos!
Recuerdo una monja maestra de escuela elemental que regañó a uno de mis sobrinos porque éste pidió permiso para ir a beber agua. La maestra furiosa le explicó “no digas beber, debes decir “tomar agua” beben los caballos y tú eres un niño”. Luego, otro día, en otro salón con otra maestra, el niño pidió permiso para tomar agua, entonces, aquella maestra, no menos furiosa que la anterior le dijo: “ NO digas tomar, toman los borrachones y tú eres un niño” . Mi sobrino me relató lo ocurrido. Fui al colegio donde estudiaba, me reuní con las directoras y maestras y les expliqué que estaban equivocadas, que lo importante no era beber o tomar, sino que mi sobrinito no se muriera de la sed. Se quedaron boquiabiertas pues me reconocieron como uno de los profesores del Recinto de Río Piedras que explicaba una cátedra de lingüística hispánica. Cosa que me tenía sin cuidado y de la cual no me ufanaba.
Si escribo estos renglones es para manifestar mi repudio a todo tipo de prejuicios lingüísticos y culturales. He experimentado personalmente la mojigatería cultural que reina entre algunas técnicas y técnicos de currículo en el Departamento de Educación de Puerto Rico. Recordemos la ocasión en que una novela de Olga Nolla fue censurada por ese mismo departamento. Aducían que había palabras eróticas de mal gusto. Con la ayuda de un ordenador conté palabra por palabra, llegué a la conclusión que del corpus léxico total, solo aproximadamente el .007% era de palabras eróticas, pero generalizadas y cultas. ¡Qué no sabrán decir nuestros maestros y nuestros estudiantes a estas alturas donde la pornografía está por todos lados! ¿ Por qué no censuran a la TV, a la corrupción oficial?
Y ahora, recientemente, con juicios falaces y baladíes, se censuran libros de autores puertorriqueños e hispanoamericanos. Una censura a nuestra literatura es un ataque frontal a nuestra cultura. Todavía soy de los que creo que hay esperanzas y que las personas comprenderán que NO HAY BUENAS NI MALAS PALABRAS, SINO BUENAS Y MALAS INTENCIONES. Una vez más los orondos funcionarios de Instrucción pública demuestran su ineptitud y desconocimiento, por no decir “incultura”.
Pen Club de Puerto Rico repudia censura de libros
Comunicado de Prensa
PEN CLUB DE PUERTO RICO REPUDIA CENSURA DE LIBROS
San Juan, Puerto Rico, 14 de agosto de 2009, “Efectivo de inmediato, queda terminantemente prohibido el uso de los siguientes textos: Antología personal de José Luis González, El entierro de Cortijo de Edgardo Rodríguez Juliá, Mejor te lo cuento: Antología personal de Juan Antonio Ramos, Reunión de espejos de José Luis Vega, Aura de Carlos Fuentes,” así lee el documento que censura obras de nuestra literatura. Hay que hablar claro. Existe el censor y existe la obra censurada. El escritor tiene la pasión por hablar y escribir. El censor vive de amordazar. Impedir que cinco obras fundamentales de la literatura latinoamericana sean leídas por estudiantes de undécimo grado de las escuelas de Puerto Rico, es censura. El “Indice de libros prohibidos”, la lista de obras que desde el 1559 al 1948 fueron recopiladas y prohibidas, y sus autores condenados por heréticos, porque sus obras “corrompían a los fieles”, no es cosa del pasado. El Index sigue vivo y es peligroso.
Hoy en pleno Siglo XXI, en nuestro propio suelo, revive este peligroso movimiento que contradice los propios cimientos de nuestra constitución: la libertad de expresión. Ninguna sociedad puede evadir el que exista la palabra del poder y la palabra del pueblo, el discurso del aparato del estado o “establishment”, y el discurso que emana de las fuentes de la cultura. Recordemos que toda una tradición de dictaduras en América Latina buscó su fundamento en la censura, el analfabetismo, la ignorancia y la pobreza.
Aclaremos: toda censura a un autor es también una censura a sus lectores. Esta desatinada determinación de parte de las autoridades del DE prohibe que nuestros jóvenes tengan la oportunidad de conocer esta importante literatura como ejercicio pleno de su libertad de conocer y de conocerse. Todo libro que despierte conciencia en los ciudadanos de su sentido de identidad, que nos identifique como puertorriqueños y que declare nuestra historia, lucha, y persistencia como pueblo y como parte de una tradición hispana, tiene como riesgo la censura en Puerto Rico. Esto es intolerable y reaccionamos enérgicamente contra todo atentado de censura a nuestros escritores y hermanos latinoamericanos, en este caso Carlos Fuentes, en un acto contradictorio para la democracia y el crecimiento maduro de nuestros jóvenes.
En momentos históricos de apertura, globalización, mega-comunicaciones, un Puerto Rico castrado y enmudecido por la censura constituye triste espectáculo internacional que nos anticipa un retroceso en la historia de las libertades democráticas.
La acción de censura del Secretario de Educación, Sr. Carlos Chardón, es intolerable. Hacemos un llamado a él y al Señor Gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, a que rectifiquen el acto anticonstitucional y antidemocrático cometido por la oficina de Asuntos Académicos del DE, episodio dramático que atenta contra la libertad y la expresión de las ideas, amenaza la enseñanza adecuada y plural de nuestros jóvenes, y nos entorpece el acceso a las realidades urgentes que deben discutirse en el aula escolar.
Mairym Cruz-Bernal
Presidenta
PEN CLUB DE PUERTO RICO
Suscrito al PEN-INTERNATIONAL con sede en Londres
Declaraciones de escritores:
Ana Lydia Vega
Tradicionalmente, la censura oficial de una alegada “obscenidad” literaria ha sido pretexto fariseo para la supresión de ideas incomodantes. Desde esa perspectiva, mueve a sospecha el proceso de saneamiento moral que ha emprendido el Departamento de Educación de Puerto Rico a fin de excluir libros asignados de escritores reconocidos. ¿Disimulará el argumento de las “malas palabras” alguna torpe maniobra de purificación ideológica? No se puede olvidar el historial de persecución y marginación que, en nuestro país, ha sido la maldición continua del pensamiento disidente.
Mayra Santos Febres
El principal deber de un maestro es educar. Educar no es proveer datos y reglas de moral sino despertar en el estudiante la curiosidad por saber. ¿Qué curiosidad por el saber van a desarrollar los estudiantes si se les priva de textos contemporáneos, de textos de probada excelencia literaria, textos controversiales, difíciles, que nos presentan “el bien y el mal” de manera fácil, predigerida?¿Cómo van a aprender a pensar nuestros estudiantes, si no tienen en su currículo libros -es decir, material de reflexión- qué conectar con su vida?
Luce López-Baralt
Deseo por medio de estas líneas mostrar mi más férrea oposición al intento por parte del Departamento de Educación de censurar y de eliminar del currículo obras literarias de primera importancia debido a su alegado contenido sexual impropio. El desconocimiento literario que esta medida implica es lamentable pero evidente: de seguir fielmente estas directrices, tendríamos que retirar del currículo las obras más importantes de nuestras letras, pues, leídas por un lector avisado, todas tienen, de un modo u otro, alusiones sexuales que el Departametno de Educación consideraría “impropias”. Me refiero al “Libro de Buen Amor” del Arcipreste de Hita, a “La Celestina”, al “Lazarillo de Tormes”, y al mismísimo “Quijote”, que los censores de antaño, y hablo literalmente, consideraron inaceptable por “lascivo”. Un maestro que enseñe con madurez y con conocimiento literario auténtico todas estas obras sabrá dirigir al alumnado en la lectura y estudio de las mismas sin crearle escándalos falsos ni mucho menos fomentarle actitudes represivas y fundamentalistas. De no ser así, ninguna obra literaria válida podría ser enseñada a los alumnos puertorriqueños, que quedarían reducidos a textos “recortados” de cualquier expresión o símbolo amoroso o erótico considerado por los censores como escandaloso. Reitero mi oposición a tales medidas represivas.
Mario R. Cancel
Siempre llaman la atención los resortes que se mueven en el momento en que una autoridad oficial ejecuta un acto de censura. La acción demuestra el poder del censor, pero también manifiesta sus miedos, sus pesadillas y su flaquezas. La impresión que dejan situaciones como esta es que estamos sentados sobro un barril del pólvora a punto de explotar. Confirma, por otro lado, el poder subversivo de la palabra. Las reservas morales manifiestas por las autoridades de educación no les permiten comprender que los problemas que reconocen en las generaciones jóvenes dependen menos de lo que leen -o podrían leer- que de lo que ven cotidianamente en la vida pública. Censurar las presuntas inmoralidades de unos cuantos libros mientras se tolera la inmoralidad en los nichos del poder es injusto.
Marta Aponte Alsina
La censura es un indicio de los miedos de los censores. Paradójicamente logra lo contrario de lo que se propone: despertar el interés en textos que de otro modo se leerían a regañadientes por cumplir con un requisito escolar. Ha sucedido antes, no es nuevo el debate sobre la “pertinencia” y la “moralidad” de los libros que se asignan como lecturas obligatorias. Hay que cuestionar minuciosamente a los burócratas actuales del DE sobre los valores, gustos y criterios que aplican para seleccionar unos libros y censurar otros. Después de todo son empleados gubernamentales, y los libros se compran con fondos públicos. Al mismo tiempo se abre una oportunidad para debatir, con la mayor amplitud, el lugar de los libros y la lectura en los procesos de formación social y personal.
Arturo Echavarría
La iniciativa tomada por el DE tiene consecuencias gravísimas, y, como tal, merece nuestro repudio más enérgico. Se trata no sólo de una intervención indebida que coarta el derecho que tiene el estudiante puertorriqueño a conocer su propia tradición literaria, sino que atenta contra la libertad en que se fundamenta toda expresión artística.
Aurea María Sotomayor
Los burócratas de la educación en Puerto Rico se autorizan primero como ignorantes para ejercer su función. Distinto y peor a aquel juez que reconocía la obscenidad cuando la veía, éstos no tienen que leer para reconocer que todo podría ser obsceno, y por tanto, no apto para “menores”. Como no saben, porque no han leído, es imposible argumentar con ellos absolutamente nada. Paradójicamente, el propósito de estos promotores de la educación es regar la ignorancia sistemáticamente y obstaculizar el pensamiento.
Néstor Barreto
toda censura es deleznable.
en su afán de ocupar todos los espacios de poder posibles este gobierno muestra características protofascistas que ya debían ser obvias para los que en su rol de intelectuales velan por no perder y en todo caso ampliar las modestas conquistas de nuestros productores culturales en el ámbito editorial y educacional.
esas características son obvias para mí.
por lo que deploro y condeno las acciones del departamento de educación usando como excusa valores y mores puertorriqueños supuestamente comunes y que terminan siendo al final muestras de un auto-odio feroz, inflamado por una idea de mandato que empaña su visión y deforma demasiadas de sus acciones.
parecen estar en un momento frenético de desconstrucción que requiere de concertaciones a las que habíamos perdido costumbre.
Tina Casanova
Es con gran estupor e indignación que me entero de la censura del DE a las obras literarias de compañeros escritores utilizadas en los currículos de nuestras salas de clase. ¿Qué más esgrimirán contra nosotros los escritores de esta bendita patria? No basta con reducir los espacios literarios en los medios de comunicación. Tampoco con que las pequeñas librerías hayan sido devoradas por Borders y no tengamos dónde vender nuestras obras. Ya han comenzado a desmantelar el programa Lee y Sueña donde nuestras obras infantiles se hacían accesibles a los lectores jóvenes de los pueblos que no tienen librerías. Y ahora esto. Nos acorralan, nos eliminan con superfluos argumentos hipócritas.
Etnairis Rivera
Censura es sinónimo de tiranía. Trágicamente, en Puerto Rico impera la ideocracia que tan bien definió y discursó Don Miguel de Unamuno: “de las tiranías todas, la más odiosa, es la persecusión en nombre de unas ideas.” O será que también censurarán al ilustre y preclaro filósofo, humanista Unamuno, censurado ya en su propia época.
Lilliana Ramos Collado
Curiosamente, los libros suprimidos son obras dirigidas a la crítica social del presente histórico, y el uso de “malas palabras” es apenas indicador de ese interés en reflexionar sobre el aquí y el ahora. Sabemos que las “malas palabras” siempre pertenecen a su época. Lo que se censura aquí no es hablar “malo”, sino hablar del presente, como si el presente fuera inmencionable e inhistoriable. Como si el presente no fuera nuestro. Si bien los libros censurados hoy no son de historia, sí interpelan al lector —sobre todo al joven lector— a pensar en su situación vital en el presente. Los jóvenes no son tontos, y en una isla familiarizada con la vulgaridad mediante la radio y la televisión (local y extranjera), nadie se llama a engaño. Esta censura tardía nada tiene que ver con la moral, sino con el gesto torpe de acallar la reflexión acerca de los que nos rodea.
Marie Ramos Rosado
La censura de obras literarias en pleno siglo XXI nos hace retroceder en tiempo y pensar que volvimos a los tiempos de la Inqusición. Además, entre los objetivos primordiales del siglo XXI, en el sistema educativo están el desarrollo de un pensamiento crítico, para poder instaurar una sociedad más liberadora. Por otro lado, escuchamos por radio y televisión a líderes políticos y desarrolladores gubernamentales como el Sr. José “Cheo” Madera tildar al pueblo con palabras como: “crápulas, garrapitas y vividores”; palabras que resultan ofensivas para la autoestima e identidad nacional. Pues estos motes afectan más que nada a la “psiquis” maltrecha de nuestro pueblo. Sin embargo, el Departamento no censura estas acciones de nuestros líderes. Mientras los escritores y artistas de las palabras utilizan esas llamadas “malas palabras” como imágenes poéticas y metáforas que
irradian belleza a sus textos literarios. Nos oponemos enérgicamente a esa actitud fundamentalista e inquisitoria del Departamento de Educación Pública de Puerto Rico.
Alberto Martínez-Márquez
La decisión del Secretario de Educación concerniente al retiro de varias obras sobresalientes de la literatura puertorriqueña, debido a su lenguaje burdo y soez, no es sino la puesta en práctica de un nuevo puritanismo que pretende complacer al sector anti-intectual del PNP, a los fundamentalistas cristianos y a los sectores moralistas del país. Las declaraciones del Sub-secretario para asuntos académicos del DE, Juan J. Rodríguez va en detrimento de la pertinencia y excelencia de los libros que han sido censurados. Lo expresado por Rodríguez deja mucho que desear viniendo de una persona que ostenta el grado de académico de la primera institución universitaria del país, demostrando así una crasa ignorancia por la producción e historia literarias de nuestra nación boricua. Con respecto a la censura de libros de autores/as puertorriqueños/as hay que destacar que es parte de una agenda de los gobiernos anexionistas que han gobernado nuestra isla. Es necesario señalar que durante el romerato se censuraron libros de Juan A. Corretjer y de René Marques y que durante el rosellato se censuró una novela de Olga Nolla. El Secretario de Estado, Kenneth McClintock, ha hecho unas declaraciones muy desafortunadas para justificar la acción del DE de censurar los libros de José Luis González, Juan A. Ramos y Edgardo Rodríguez Juliá, entre otros. Denunciamos la errada determinación del DE de privar a nuestro estudiantado de una literatura de gran calidad que forma parte de nuestro acervo cultural.
Nota de aprecio sobre la obra de Ramón Felipe Medina López
De izquierda a derecha, algunos poetas del Grupo Guajana:
Ramón Felipe Medina, Edgardo López Ferrer,
Reynaldo Marcos Padua, Marcos Rodríguez Frese,
Vicente Rodríguez Nietzsche y Wenceslao Serra Deliz.
Ramón Felipe Medina: Poeta, narrador, pintor y erudito puertorriqueño
Además de ser un excelente creador que ha abordado casi todos los géneros literarios con acierto y éxito, Ramón Felipe Medina López, es un investigador de temas literarios puertorriqueños. Desde su tesis de Maestría en Artes, sobre el casi ignoto poeta Santiago Vidarte, RFM demostró su capacidad para la heurística, recogiendo toda la creación inimaginable de uno de los poetas iniciadores de la literatura puertorriqueña. Ni siquiera Antonio S. Pedreira, ni Lidio Cruz Monclova encontraron la cantidad de poemas y datos biográficos sobre la vida del importante poeta a quien Manuel Alonso y Pacheco dedicó un valioso ensayo crítico, que además constituye una de las primeras piezas de crítica literaria en nuestro medio. Al estudio de Santiago Vidarte, siguieron varios ensayos, pero es de notar su tesis doctoral sobre la creación poética de Juan Antonio Corretjer, presentada ante la Facultad de Letras de la UNAM y publicada posteriormente por el ICPR. A esta serie de valiosos estudios, se suma la obra investigativa más importante de Medina López: Hugo Margenat, Poeta Agónico ( San Juan, PR. Ediciones y Taller Ciba, 2006). Es heurísticamente un trabajo ejemplar de acopio de datos, detalles, poemas, escritos y fotografías invaluables nunca antes conocidos. Y como “una imagen vale más que mil palabras”, al decir chino, las 27 fotografías de carácter histórico documental que acompañan el apartado titulado “Recuerdos para una semblanza” además de documentar una vida tempranamente truncada por la muerte, dejan ver al amigo investigador como un ser sensible y solidario, una especie de alter ego de Hugo Margenat.
Los procedimientos críticos de Medina López se insertan dentro de la crítica histórica descriptiva, donde el dato biográfico, así como la datación de las obras escritas por el poeta estudiado, siguen los modos de la crítica histórica española al estilo de Rafael Lapesa y Amado Alonso, entre otros. Curiosamente, –– y extraño en nuestro lar–– Medina López no se aferra ni propone interpretaciones tajantes. Deja abierto el cauce crítico para que otros hermeneutas hagan sus propias interpretaciones. No obstante Ramón Felipe Medina López comenta cada uno de los poemas contenidos en la Muestra antológica, señala sus peculiaridades más conspicuas, así como las peculiaridades métricas, cuando es necesario y pertinente. Las notas eruditas del aparato crítico son muy importantes y necesarias, en sí constituyen una aportación muy útil para los futuros investigadores del tema. Los procedimientos hermenéuticos de Ramón Felipe atienden más a lo descriptivo y contenidista que a lo estructural. Es posible que esto se deba a que es un primer libro sobre Margenat, para darlo a conocer a las nuevas generaciones de poetas jóvenes del presente. Entrar en complejidades técnicas avocaría el libro al fracaso respecto del lector común no especialista. En este sentido y, sabiamente, hizo bien el autor. La muestra antológica incluye 101 composiciones del Hugo Margenat, rescatado para la posteridad, gracias a las manos amorosas y al diligente empeño de Ramón Medina López quien, de este modo, da a todos una lección magistral de lo que constituye una amistad más allá de la muerte.
Ramón Felipe, es un humanista dedicado, silencioso, recoleto que no ha abandonado nunca sus principios religiosos ni su disciplina benedictina. “Orat et laborat” parece ser su renacido lema medieval. Por sus aportaciones a las literaturas puertorriqueñas e hispánicas en general, merece nuestro más cálido aplauso.
Marcelino Canino Salgado Ph.D.
Manifiesto de escritores del Perú y del mundo
MANIFIESTO DE ESCRITORES DEL PERÚ Y DEL MUNDO SOBRE MATANZA EN AMAZONÍA
Nuevamente el rostro lívido de la Bestia, el fascismo, último recurso del capitalismo asesino, desesperado por mantener sus privilegios seculares, masacra impunemente al pueblo peruano. Los señores del caucho se han reencarnado horrorosamente en los gobernantes de una república bananera: Alan García Pérez, el genocida de los penales, el Gabinete Ministerial en pleno, compinches de la masacre, los congresistas del APRA, Unidad Nacional y el fujimorismo, mienten todos al pueblo peruano, insistiendo en que la población amazónica y sus dirigentes son los culpables de la masacre desatada con exclusiva responsabilidad de Alan García Pérez. El silencio tanto como la desidia nos vuelven cómplices del crimen y nosotros, un puñado de escritores asqueados del circo mediático racista que falsea la verdad de la matanza ordenada por Alan García Pérez, no queremos frenar nuestra lengua.
Hemos visto —no por los canales de televisión— cómo cientos de policías de la DINOES armados cual rambos cholos provocaron al pueblo amazónico. Hemos visto cómo decenas de francotiradores apostados en las azoteas de las casas tiraban a matar con fusiles de guerra iniciando así la carnicería, hemos visto y recibido informes de cómo helicópteros artillados bombardeaban al pueblo inerme, protegido tan sólo con lanzas y flechas (claro, son unos salvajes y feroces chunchos reducidores de cabezas) y si ese pueblo alzado, harto de mentiras y negociaciones estériles y mañosas, ha conseguido armas de fuego es porque en su arrojo se las arrebataron a brazo partido a policías protegidos por chalecos antibalas, expertos en debelar levantamientos, ¿o qué quiere la señora Cabanillas, que el pueblo se deje matar poniendo el pecho abierto como en tantos otros degolladeros realizados en contra de peruanos desarmados?
Encender la televisión o escuchar RPP en estos instantes provoca intensas arcadas. El cerco mediático racista tergiversa los hechos y se empeña brutalmente en demostrar que solamente son policías quienes han muerto en el genocidio. Lamentamos la muerte de esos policías manipulados por el poder corrupto. Pero, ¿quién en su sano juicio osaría defender un orden democrático pútrido en donde un policía o un maestro ganan menos de ochocientos soles y un congresista o ministro se embolsica veinte mil soles mensuales? ¿quién en su sano juicio puede creer que lanzas y flechas pueden más que fusiles de guerra, pueden más que helicópteros artillados, pueden más que granadas y bombas lacrimógenas?
Voluntarios belgas (http://catapa.be/en/north-peru-killings) y amigos presentes en el lugar de la masacre, nos envían fotos, vídeos y testimonios de la cacería desatada por el gobierno en contra de nuestros hermanos amazónicos. En emisoras de Loreto se habla de 150 pobladores asesinados y de la deserción de decenas de soldados, hijos de nativos masacrados. En estos momentos sabemos de buena fuente que las fuerzas del desorden están carbonizando los cadáveres con lanzallamas, están arrojando los cadáveres —que se niegan a devolver a los deudos— a los ríos y quebradas, están fusilando a los líderes indígenas capturados, están deteniendo a todo aquél que tenga “cara de indígena”, están amenazando a periodistas locales y regionales para que no difundan la espantosa verdad del genocidio. Luego el cerco mediático racista dirá que estos indígenas desaparecidos fueron delincuentes terroristas que se hicieron al monte, coronando así esa asociación funcional para el Estado criollo: indio, terrorista y delincuente.
Es el propio Estado criollo-burgués quien le ha declarado la guerra al pueblo alzado que reclama por el respeto de esa institucionalidad jurídica que el propio Estado dice defender cuando le conviene. El mentado DL 1090 es ANTICONSTITUCIONAL, no contempló jamás el mecanismo de consulta que manda el Convenio OIT 169 suscrito por el Estado criollo y que ahora desconoce. La tenebrosa jactancia de Yehude Simon Munaro no debería sorprendernos: “es el peor de los traidores”, dijo de él alguna vez el finado Alfonso Barrantes Lingán y muchos recuerdan su actitud servil frente al delincuente Kenya Fujimori para lograr prebendas cuando estaba preso por terrorismo. El absoluto cinismo de Alan García Pérez, Yehude Simon Munaro, Mercedes Cabanillas, Ántero Florez-Araoz, Javier Velásquez Quesquén, Rosario Fernández y el hipócrita oxapampino Antonio Brack Egg, causaría envidia a Diógenes llamado el Perro. El Estado criollo encarnado en estos miserables derrama nuevamente sangre inocente de los que sólo tienen su tierra y sus selvas y sus ríos y ni eso quieren dejar estos miserables porque todo se compra y todo se vende en esta democracia de chiquero, porque así lo demandan las transnacionales norteamericanas y chilenas, porque así queda tranquilo San Dionisio Romero Seminario, el izquierdista del Opus Dei, porque si el perro del hortelano jode, entonces Alan García ordena matar al perro del hortelano.
Hace pocos días el escritor admirador de Sancho Panza (“un ciudadano mucho más respetuoso de la ley y del prójimo que su amo”, ha dicho del buen Sancho el entrometido novelista en Venezuela), Mario Vargas Llosa, garrapateó un artículo para rechazar una expresión (“el Perú no necesita Museos de la Memoria”) de Antero Florez-Araoz, Ministro de Defensa del régimen aprista, ex-funcionario del fujimorato y conocido ultraderechista del Partido Popular Cristiano. Pues bien, las ociosas palabras de Vargas Llosa no sirvieron de nada, pues como diría cualquier muchacho listo, Alan García se caga en la memoria, la reconciliación y cualquier concepto que remita a la paz nacional. En su ordinariez Florez-Araoz dijo algo que Vargas Llosa no acepta racionalmente, pero cala en lo más profundo de su ser, como lo demuestra el Informe Uchuraccay, en el cual el novelista tipifica a los uchuraccainos de bárbaros, primitivos, violentos y tutelables. Hace pocos días Vargas Llosa apareció por televisión abrazando al genocida Alan García Pérez, a quien antes despreciaba. Al parecer fue Vargas quien convenció a García de la conveniencia ante los ojos de la comunidad internacional de aceptar la creación del Museo de la Memoria. Con esta nueva matanza, Alan García le demuestra a Mario Vargas Llosa el gran interés que le anima por un Museo de la Memoria.
Deseamos dejar patente nuestra más enérgica repulsa por este orden injusto que se ha impuesto en nuestra patria desde el fujimorato. La imposición a sangre y fuego del MODELO ECONÓMICO NEOLIBERAL —ese que defiende Mario Vargas Llosa— ha causado la masacre de cientos de peruanos humildes de la Amazonía, una masacre que pudo ser evitada por los “señores autoridades”, quienes tan sólo han ratificado que la agresión, el desprecio y el olvido hacia las comunidades nativas amazónicas continúa como hace 500 años. Demandamos que el Estado criollo, corrupto y genocida, derogue los decretos de la muerte y demandamos la vacancia de la Presidencia de la República así como un juicio internacional por delito de genocidio contra Alan García Pérez y sus compinches del Gabinete Ministerial.
Si Julio Ramón Ribeyro fue lo suficientemente diplomático para amarrar su lengua cuando la matanza de los penales en el 1986 y no devolver la Orden del Sol impuesta por el genocida durante su primer gobierno, ¿Vargas Llosa se hará de los cojones necesarios para enfrentar públicamente a su nuevo amigo, el genocida Alan García, y exigir la vacancia inmediata de la Presidencia de la República? Esta vez ya no bastarán cartitas porque “la manera como se ha reprimido estos motines sugiere —por segunda vez—más un arreglo de cuentas con el enemigo que una operación cuyo objetivo era restablecer el orden”.
Un gran brujo amazónico, Ino Moxo, dijo hace mucho tiempo, “cuando pienso en Fitzcarrald y en sus mercenarios, cuando pienso que esos genocidas eran hombres, me dan ganas de nacionalizarme culebra”. Dudamos que el Vargas Llosa amigo de Aznar, Bush y Tatcher demuestre su pregonado humanismo y renuncie al encargo del genocida. Dudamos que el novelista desista a presidir la Comisión de Alto Nivel que desarrollará el proyecto del Museo de la Memoria: persistirá en el empeño, persistirá en la afrenta contra los cientos de pobladores masacrados por las balas asesinas del Estado criollo. A fin de cuentas ambos, García y Vargas, pertenecen al bando neoliberal y nosotros terminaremos con Ino Moxo nacionalizándonos culebra.
7 de junio del 2009
