Cuerpo de tierra
Cuerpo de tierra
Michelle R.O.
Fuimos heridos por la misma bala. De algún modo hemos sido impactados por un violento genocidio en la isla. Cientos de jóvenes en sus edades más productivas son asesinados. Sepultarlos no ha sido suficiente. Estas muertes detonan como la bala misma hiriendo la carne de un país abrumado por el temor. Los cadáveres no desaparecen; se acumulan y descomponen en el diario vivir. No puedo evitar estremecerme con los disparos. El olor a sangre no me deja dormir. Quise saber más, entender esta guerra civil, mirar de cerca los problemas de la calle.Tuve que hacer silencio. La voz de mi hermana menor se develó como un hilo de luz sobre los charcos de sangre. Sin que ella lo supiera, grabé el audio de nuestra conversación. Me narró sus vivencias con Carlitos, amigo de la infancia, ultimado a tiros muy cerca de nuestra casa. Ella tiene 19 años y ha ido a más funerales que yo. Casi todos de sus contemporáneos.
(Pensar, repensar la tierra mientras descendemos. Acostarnos en sus entrañas, entregarnos, escondernos y escuchar ahí, cerca de los otros cadáveres. Siente tu centro ardiendo. Expongamos nuestro cuerpo a esta zona frágil y desconocida. La tierra puede ceder, deslizarse, oprimir el torso, asfixiar. Respira hondo mientras cae la tierra.)
Quise internalizar Cuerpo de tierra. Se convirtió en una conversación con otros pero también conmigo misma sobre lo que nos está ocurriendo como país sometido a la violencia. Esta conversación me remitió al excelente trabajo de otras artistas. Teresa Hernández, Sylvia Bofill y Ana Mendieta nutrieron mi propuesta performática. El 17 de diciembre de 2011 estuve lista para el performance pero no había público. Igual, sentía la necesidad de llevar todo a cabo por lo que decidí centralizar el cuerpo y la mente en la pieza de audio. Concentrándome en la voz de mi hermana elaboré frases de movimiento. El lugar era perfecto: un parque agroturístico en mi pueblo natal. Mientras el audio parecía sincronizado con el viento aquel mediodía luminoso, recordaba las sensaciones que tuve mientras entrevisté a mi hermana. Mi respiración y el movimiento expresaban esa ansiedad que resulta ser tan productiva en medio del caos. Recordaba a Carlitos, a quien conocí de niño. Pensaba. Repensaba. ¿Cómo criamos una generación de asesinos? ¿Por qué nos sentimos distanciados del problema y lo sufrimos como víctimas? ¿Cuantos más morirán? Lo importante para mí era confabular para abrir el espacio donde este tema pudiese discutirse desde otros ángulos. No asumir la violencia sino buscar alternativas contundentes. Conversarlo de frente. Plantear las consecuencias también desde el asesino. Incluir al asesino en la solución ¿Cómo se afecta su familia? ¿Tendrá hijos? ¿Cómo rompemos la cadena de violencia con métodos inclusivos y no de exclusión de esta población?
(Sospecho que estos jóvenes como Carlitos son enterrados vivos. Los escucho, exigiendo bajo tierra porqué no tuvieron una mejor educación. Ni muertos pueden entender como pasaron por la vida sin explorarla. Muchos sobrevivieron hasta los 20 años en los puntos. Esa era su familia.) A la voz de mi hermana quería darle una casa. Por eso le construí esta casa de tierra y sonido. Aquí podemos venir a escuchar o a pensar en los vivos. Pienso en mi hermana. La escucho lamentarse por esos muertos que para ella son su familia. Aunque yo no les conozca el rostro, sé que todos esos muertos también son mi familia.
Michelle R.O.

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