Otorgan la Medalla de la Fundación Ricardo Alegría a Roberto Ramos-Perea
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El día 13 de mayo de 2011, en una reunión privada en la residencia del Dr. Don Ricardo Alegría en San Juan de Puerto Rico, el Prof. Roberto Ramos-Perea fue galardonado con la MEDALLA DE LA FUNDACIÓN ALEGRÍA:”En reconocimiento a su patriótica labor en defensa, conservación, fomento y divulgación de la Cultura e Identidad Nacional y en particular por su labor en el desarrollo y enriquecimiento de las Artes Teatrales. Ricardo Alegría.”
Ricardo E. Alegría 23 de septiembre de 2010”
La FUNDACIÓN ALEGRÍA es una sociedad sin fines de lucro, organizada y dotada por su fundador, el Dr. Ricardo E. Alegría. La Fundación tiene como propósito primordial reconocer a las personas e instituciones que hayan hecho una contribución notable en la defensa, conservación, divulgación y en el fomento de las diversas manifestaciones de la cultura nacional de Puerto Rico. La Fundación Alegría ha dotado a la Academia Puertorriqueña de la Historia y a la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española para que, durante un número de años y en colaboración con los Departamentos de Estudios Hispánicos e Historia de la Universidad de Puerto Rico (Recinto de Río Piedras), otorguen un premio y la medalla de la Fundación a aquellos estudiantes que más se hayan destacado en sus estudios e investigaciones de Historia y Literatura puertorriqueña.![]()
El Prof. Roberto Ramos-Perea, es dramaturgo y cineasta puertorriqueño, Historiador del Cine y el Teatro Nacional, periodista, Rector del Conservatorio de Arte Dramático del Ateneo Puertorriqueño y fundador del Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño. Otros recipientes de este galardón lo han sido el Dr. Marcelino Canino, el Dr. Osiris Delgado, El Lcdo. Juan Mari Brás, la historiadora Marisa Rosado, el Lcdo. Willie Miranda Marín (Póstumo), entre otros destacados puertorriqueños.
Nueva era mediática: Captura de Bin Laden twitteada en vivo
Nueva era mediática: Captura de Bin Laden twitteada en vivo
Por James R. Cantre
Si bien la primera mitad del Siglo XX, con la invención de la televisión, marcó un hito en la historia de cómo se transmitía la información, a tal punto que hasta los periódicos emularon la estética del Show Business para publicar una noticia, hoy vemos cómo en pleno comienzo del Siglo XXI se está revolucionando nuevamente el mundo de las comunicaciones. Y es que con el auge de las redes sociales es casi imposible imaginarse la transmisión de un suceso histórico sin que sea validado al ponerse en escena, publicado, compartido y comentado por virtualmente cualquier persona con acceso al Internet.
Las nuevas tecnologías, con su carácter de inmediatez, han posibilitado que se publiquen historias que a primera vista son desarticuladas, pero al pasar el tiempo, y a su vez, el flujo de información, se dotan de sentido. El caso más reciente es el de Sohaib Athar, un consultor de IT en Abbottabad, Pakistan, que jamás pensó que mientras twitteaba las explosiones y los sonidos apabullantes de los helicópteros que sobrevolaban su comunidad, estaría cubriendo en vivo la captura y asesinato de Osama Bin Laden por parte de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.
Aquí comparto una selección de los Tweets de Sohaib Athar (@ReallyVirtual) con el propósito de invitarlos a una reflexión profunda en torno a esta nueva era mediática (si quieren leer los tweets en órden cronológico deben comenzar de abajo hacia arriba):
(Es tu ausencia la que no merece estar a mi lado)
(Es tu ausencia la que no merece estar a mi lado)
Por James R. Cantre
…Es tu ausencia la que no merece estar a mi lado,
el calvario repetido de pensarte
en el purgatorio del recuerdo.
Atravesando el invariable
juego por desencontrarnos,
en el que los días pasan contigo
y yo sin ti los días.
Ayer, se me escapó
por entre los dientes una sonrisa
y casualmente la mordí,
quizás, al imaginar la tuya;
tu imagen no es consuelo:
es un pájaro sin rumbo
que se empeña en anidar en mi cuerpo.
Ni tu ausencia merece estar a mi lado…
James R. Cantre
Twitter:
@jamesrcantre
http://www.twitter.com/jamesrcantre
Entrevista (AUDIO) a Roberto Ramos-Perea sobre los medios de comunicación
ROBERTO RAMOS-PEREA, dramaturgo, director, actor, investigador, crítico teatral y periodista, nos habla sobre los medios de comunicación en esta entrevista para Letra & Pixel.
HAGA “CLICK” AQUI O EN LA IMAGEN ABAJO MOSTRADA PARA ESCUCHAR LA ENTREVISTA
Entrevista a Roberto Ramos-Perea sobre la “Censura” (AUDIO)
ROBERTO RAMOS-PEREA, dramaturgo, director, actor, investigador, crítico teatral y periodista, nos habla sobre la censura en esta entrevista para Letra & Pixel.
HAGA “CLICK” AQUI O EN LA IMAGEN ABAJO MOSTRADA PARA ESCUCHAR LA ENTREVISTA
Evening in Paris
EVENING IN PARIS
Marcelino Canino Salgado
Para mi hermana Casilda Guadalupe
Todos los días, a las tres de la tarde, mi abuela doña Guadalupe del Carmen Nevares Ayala y Ponce de León, salía de la ducha con su bata blanca de hilo y botones de nácar. Su rubia cabellera como la de Lady Godiva le llegaba un poco más a bajo de las caderas. Entonces, frente al ropero de dos lunas ovaladas comenzaba el ritual: Terminaba de secar su cabello y comenzaba a desenredarlo con un cepillo de cerdas naturales. Luego empezaba a tejer sus trenzas y, finalmente levantaba sobre su augusta cabeza un moño muy recogido que, en cierta medida era la enseña de su matriarcado. Abuela era una matriarca a la que todos respetaban, obedecían y hasta temían. Después de este ritual, seguía otro de más refinamiento al que yo, niño de 5 años observaba con embelezo. En la primer tablilla del ropero mi abuela tenía su discreto estuche de los productos Evening in Paris: Polvo Talco, colonia, y perfume. No sé, ni nunca lo he sabido, por qué aquel ritual diario me absorbía totalmente. Sobre todo aquel sortilegio avasallante cuando mi silenciosa abuela se perfumaba con aquella esencia angelical. El perfume venía envasado en un frasco azul cobalto en forma de lágrima, una ampolleta de casi dos pulgadas y media, con un tapón de pasta de baquelita dorada con una cinta de hilos igualmente dorados alrededor del cuello de la pequeña botella. Tan pronto mi abuela terminaba de acicalarse, con su dedo índice, y a manera de gracia me untaba, cerca de mi oreja derecha un poquitín de aquella esencia divina que me hacía caer casi en un trance espiritual.
Cerca de las 3:30 PM, mi abuela servía a todos sus nietos y nietas la merienda de café con pan y mantequilla danesa y, cuando había los recursos y se conseguía, paladeábamos una maravillosa lonja de jamón cocido, tan fino que podía mirarse al trasluz. A pesar del ajetreo de la cocina, y como usaba delantal, doña Lupe se mantenía impoluta. Ya al anochecer, volvía a refrescarse y a ponerse un poco de polvo talco de la marca referida. La casa siempre estaba bien alhajada pues mi tía era la telefonista del pueblo y tenía un sueldo seguro; además, doña Guadalupe, que había enviudado y quedado sola con tres hijas pequeñas y un hijo de crianza, era muy emprendedora, de lo que heredó de su madre conservó unas tres vacas las que pastoreaba Cristóbal, su hijo adoptivo. Por otro lado, la tía Cambucha, solía proteger a sus dos queridas sobrinas y se encargó de acrecentarles el menguado caudal de herencia que les quedaba. Mi abuela y su hermana, la afanosa y casta tía Elvira, tití Villa, -como nos enseñaron a llamarla-, nos habían acostumbrado a desarrollar buenos modales en la mesa, a estar inmaculadamente limpios y bien vestidos. No obstante, para estar cerca de la línea de la pobreza nunca nos faltó lo esencial y a mi, no sé por qué, la tía Elvira me trató siempre como a un príncipe.
Recuerdo que en una Navidad, mientras mi abuela ayudaba a tía Elvira a adornar el arbolito de tintillo, aproveché la ocasión que se me brindaba tan propicia, me atreví abrir el ropero de la abuela y curiosear en el estuche plateado y jaspeado de azul donde estaban los productos Evening in Paris. Sin encomendarme a nadie abrí el seductor frasco de la esencia, pero al escuchar pasos y saber que hacía algo no del agrado de mi abuela, la hermosa cápsula de azul cobalto fue a parar al suelo haciéndose añicos e impregnando toda la alcoba de aquel perfume embriagante, tenue y seductor.
Mis neuronas grabaron aquel perfume para siempre en mi conciencia de niño. Era como un amable fantasma que me perseguía por instantes a través de toda mi vida.
Mi abuela, impávida, dijo: “No te apures, eso pasa por ser averiguado, no vuelvas a hacerlo. Aunque todavía me queda otro frasco, cuando seas grande tendrás que regalarme un perfume igual…” La serenidad de mi abuela, su media sonrisa y el aroma que se esparcía física y psíquicamente por todo mi ser no se borraron nunca de mi cándida alma de niño “averiguado”.
Como por arte de magia, todas las navidades venía a mi alma el recuerdo del perfume Evening in Paris y consiguientemente las figuras de mi abuela y mi tía. Crecí, estudié, trabajé y traté de descubrir el embrollo misterioso de la vida… ese misterio insondable que nos asfixia increíblemente y nos hace perder tanto tiempo, porque la vida merece vivirse sin sufrir demasiado. Pasaron los años y por un accidente de la vida y la generosidad de una buena señora que fue mi profesora de arte moderno, llegué a enseñar en la Universidad.
Una mañana, casi al final de curso, mientras hacía mis horas de oficina, el aire acondicionado central quedó fuera de servicio y no hubo más remedio que abrir la puerta que daba al pasillo central. La eterna algarabía de los estudiantes, el ajetreo de los cambios de clase, las vocinglerías de unos y otros hacían olvidar el sofoco de la tórrida calor. De momento mi olfato se despertó ante un aroma que era el mismo Evening in Paris. Salí corriendo de mi oficina tras el grupo de niñas desde donde emergía el místico aroma, pero había tantas personas en el pasillo que niñas y perfume se esfumaron tan pronto como mis esperanzas de ser hombre acaudalado. Eran los inicios de la década de los 70 y mi abuela, octogenaria, recordó el perfume… Una tarde me dijo: “No te olvides de mi perfume”. Desde ese momento hice todo lo posible por complacer a mi amada abuelita. Después de investigar con ciertas damas de la localidad sobre el perfume mencionado, averigüé sobre sus fabricantes. Llamé a los que habían sido los distribuidores del mismo en Puerto Rico. Amablemente, la administradora de la firma me explicó que Evening in Paris era fabricado por la Casa Bourjois de Paris, la que tenía subsidiarias en New York y en Cuba, pero que ese perfume en específico había sido descontinuado pues la Food and Drugs Administration de USA había prohibido su fabricación por razones de salud pues se dudaba de algunos de sus componentes químicos y ya cerca de 1965 era casi imposible conseguir un frasco del que fuera un popular perfume entre las señoras de la clase media y media alta. Sin perder las esperanzas moví mis amigos en Cuba, pero nada, nada de nada… En Nueva York, mucho menos. Mis hermanas emprendieron viajes por las Islas Vírgenes para tratar de conseguir el preciado perfume y alegrarme. Igualmente el esfuerzo fue nulo. Entonces me aventuré a escribir a la Casa Bourjois de Paris. Con simpatía me explicaron que era imposible conseguir siquiera un envase o una muestra del apetecido aroma. Pero no perdí la ilusión. Pasaron los años y mi abuelita hizo su viaje definitivo al país donde las flores nunca se marchitan y los arrayanes siempre están florecidos junto a los jazmines y a los rosales. El pensamiento me trajo algo de consuelo.
Casi todos los días de mi vida, desde niño y en mi madurez he pensado en el pomo de Evening in Paris de mi abuela, en la pulcritud de su figura cuando se empolvaba… Muchas veces sentía colarse por las persianas de mi hogar un aroma extraño que me hacía sentirla cerca y recordarla. “ Es abuela” siempre me digo… “Ha venido a visitarme”.
Una tarde, al regreso de un viaje de visita a sus hijos en los EEUU, mi hermana mayor, que lleva en segundo lugar el nombre de nuestra abuela materna, al saludarme me dijo sonreída: “ Te conseguí en un Flee Market en USA un frasco de Evening in Paris, solo queda un poco, pero todavía huele”. Me llené de un regocijo no demostrado. Era una botella de colonia, no del perfume que venía envasado como en una especie ampolleta exagonal de sólido cristal azul cobalto. “Pero algo es algo”, me decía. Cuando mi hermana me entregó el preciado regalo y olí la colonia, mis sentidos fueron ajustándose poco a poco y fueron rectificando mi memoria… ¡Sí, era el perfume de abuela, de abuela Lupe! En su memoria, quise reproducir el ritual: ducha fresca a las tres de la tarde, polvo talco y finalmente, finalmente Evenig in Paris y una furtiva lágrima como una ampolleta de amor….
