El alcance
El alcance
Carlos Vicéns Castillo
Cuando estemos menos lejos
las siluetas de la tarde allegarán como vientos,
como cuerpos que en su cansancio cargan voces,
bosques de voces y centellas de silencios;
el tiempo,
el inmudable tiempo como un mar de golpes,
nos adentrará lentamente a su ausencia
por el inmenso umbral que se desdice
hasta deshacer los puentes y las puertas,
las manchas agudas sesgadas sobre la noche
que ciegan al ciego ante su vida entera;
la muerte también se acercará a vernos
no estar tan seguros de abrir los ojos
para sostener el color de recordarnos.
Cuando se deteriore el temor de las piedras,
la tierra de las piedras quedará sin palabras
con los gestos de su calma más polvorienta;
las piedras podrán abrazar la tierra;
los pasos de las nubes,
de las nubes derivadas y completas a su paso,
crearán trazos hacia orillas de un pulso
lleno de historias áridas, de abandonos mudos,
de regresos inexactos,
presentes en la pronta exactitud de los flujos
que ordenan y desordenan nuestra espera.
Cuando la estación recupere
el sentido que perdió por caminar de espaladas,
por caminar sin sueño,
nos habrá de acariciar una luz, una luz nuestra;
algo que somos deslizará por nuestras pieles
y nos estaremos llamando por otros nombres
para reconocer que siempre fuimos nuestra falta,
la falta de aire, la falta de llanto,
la falta de una realidad que siempre tocamos
al extender una mano
y al cerrarla en el extravío de otra mano
también dispuesta a faltar para encontrarle.
El destello
El destello
El que espera y olvida
siempre goza la luz…
– Manuel Altolaguirre
Ya estaba cerca,
inmerso en un olvido irreversible;
sólo restaba tu palabra
y te extendiste a mí como un rayo
que se hizo cuerpo de estrella,
candor a distancia, fervor tembloroso;
abriste una vieja puerta transparente
que te dejó entrar a otro aire;
cesaste por un instante el significado
de todo mi entorno,
y mermando las tintas del sentido
te has creado a tu llegada misma;
una voz tuya te trajo a mi latido
aleteando sobre un lumínico polvo;
mientras un pálpito innombrable
invadía mi violenta espera
volviste entre manchas de letra
de tu verbosa quietud extraviada;
así has donado a mi piel tu forma,
le has entregado respiro de afuera,
sangre de sueño, fulgor tangible:
me emancipaste de mi laberinto,
de mi hondo silencio inalcanzable
con el golpe impetuoso de tu vida.
Rendición al aire
Rendición al aire
Estoy cansado de ocultarme en las ramas;
de perseguir mi sombra por la arena…
- Emilio Prados
Ríndame al cansancio del miedo,
del desorbitado crepúsculo
que insinúa otra estación perdida.
Quisiera recrearte nuevamente
pero tratar desemboca en mi boca,
distancia irrompible, luz del día
cual nunca cesa de asombrarlo todo:
sólo desdicha puede hacerte forma.
Por eso, el tiempo te aleja,
te aleja a tu misma figura
donde estás más allá del presente
en un viento efímero, indescifrable
que sopla la invisibilidad de tus ojos:
salvajes fantasmas indisolubles
cuyas miradas ya no me alcanzan
sino que en el aire y sobre el agua
vuelan hacia otro encuentro.
©2010 Carlos Vicéns
Bifurcación
Bifurcación
Una luz deja la luz quieta
para ser ella única imagen,
soledad despacio,
suspendido regreso,
ida hacia a sí donde brilla
su voz exacta sin refracto:
eco revivido que se acerca
hasta hacerse respuesta
entregada al silencio.
©2010 Carlos Vicéns
Cristalización
Cristalización
Hay palabras en mí
cuales nunca enmudecen;
tu ausencia las detona al aire,
les hace nacer, les hace vibrar,
les suelta al vacío, las aviva;
tu presencia en cambio
les asilencia, les guarda,
les mantiene intermitentes
hasta desdecirlas.
©2010 Carlos Vicéns
Intención otra
Intención otra
No es mi voz cual se graba al papel
sino otra, una que subsiste ante mí
como antípoda de un reflejo disuelto,
ajena reconstrucción de un canto
cuya melodía es la imagen
que te busca hasta serte,
ser el pulso volitivo de tu cuerpo.
No es sino mi nombre absorto
cual revela tu pesada ausencia;
no puedes llamarme sin perderte,
sin delatar el espacio que te insiste
donde supones tu color, tu sombra,
y falta el sentido que me forma.
Yo siendo mi ausencia, mi propia falta,
no soy más que mi voz tuya:
lleva esta voz a quien te busca.
©2010 Carlos Vicéns
