Entrevista a Roberto Ramos-Perea sobre la “Censura” (AUDIO)
ROBERTO RAMOS-PEREA, dramaturgo, director, actor, investigador, crítico teatral y periodista, nos habla sobre la censura en esta entrevista para Letra & Pixel.
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La cultura local de la mojigatería
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Por Marcelino J. Canino Salgado, Ph.D
La lingüística, esa ciencia que explica entre otras cosas el origen del lenguaje, sus formas y relaciones internas, su naturaleza exclusivamente humana y no divina, nos ha enseñado con meridiana claridad que el lenguaje es arbitrario y convencional. Esto en cristiano significa que el hombre inventó el lenguaje como vehículo de comunicación sin que mediara en el proceso fuerza de origen divino alguna ni coherencia lógica. Convencional, pues al ser aceptado por el grupo se convierte en un instrumento útil y, a través del tiempo se enriquece, se modifica, evoluciona.
Los lectores de la Biblia recordarán que una vez Yavé hubo creado a la naturaleza y al hombre, lo llevó ante su creación para que fuera el mismo Adán quien pusiera nombre a las cosas. Y así, porque si Dios todo lo sabe, evidentemente advirtió que la lenga humana aspira a la cabal comunicación entre sus semejantes, pero también es fuente de malos entendidos. De ahí la imagen funesta de la locura que se dio en la Torre de Babel. Bastan estos señalamientos para subrayar que los lenguajes humanos no tienen que ver nada con la moral y menos con las concepciones de la divinidad.
Recuerdo que en una ocasión venerable, nos visitó desde Roma el Papa. Los periódicos de entonces, aun los locales, reseñaban las actividades del ilustre prelado. Una revista local apuntaba como noticia de intimidad que:
“El Santo padre, después de un día atareado, comió poco y se retiró a sus aposentos a descansar; no obstante el Señor Cardenal de la ciudad, como gesto de cortesía hospitalaria, le envió con uno de los turiferarios de palacio, una suculenta papaya madura servida en bandeja de plata, porque según el Cardenal, esto sería provechoso para su salud”.
Resultó curioso que solo un grupo de betas cubanas y de devotos cubanos se escandalizaron al pensar que el Santo padre había dormido con una cuarentona… Recordemos que en la hermana isla de Cuba papaya significa- para ser finos- la manzana de Eva, y hay que decir allí, fruta bomba o lechosa.
En tierras de Acapulco, la región de los ojos tapatíos, enterados de esas variedades lingüísticas y léxicas entre dos islas hermanas separadas por tan poco espacio de mar caribeño, las bromas no se hicieron esperar. De inmediato circuló un “No es lo mismo”, donde semánticamente se establecían diferencias “tajantes” entre:
“No es lo mismo la papaya tapatía
que tía, tápate la papaya”
Y este problema de las diferencias léxicas y las mal llamadas malas palabras, ha traído serios enredos. Algunos se han dilucidado a mayetazos con risas y carcajadas en los tribunales del país. Las argumentaciones en vías de probar la no existencia de malas palabras, muchas veces llegaron hasta cuasi sutilezas teológicas que planteaban el principio de las justicias divinas… ¿ Cuan justo sería un Dios que permite a los españoles decir “bicho” a los insectos porque en España los bichos pican y acá en Puerto Rico levantan chichones en los vientres de las doncellas? ¡ Qué barbaridad dirían algunos!
Recuerdo una monja maestra de escuela elemental que regañó a uno de mis sobrinos porque éste pidió permiso para ir a beber agua. La maestra furiosa le explicó “no digas beber, debes decir “tomar agua” beben los caballos y tú eres un niño”. Luego, otro día, en otro salón con otra maestra, el niño pidió permiso para tomar agua, entonces, aquella maestra, no menos furiosa que la anterior le dijo: “ NO digas tomar, toman los borrachones y tú eres un niño” . Mi sobrino me relató lo ocurrido. Fui al colegio donde estudiaba, me reuní con las directoras y maestras y les expliqué que estaban equivocadas, que lo importante no era beber o tomar, sino que mi sobrinito no se muriera de la sed. Se quedaron boquiabiertas pues me reconocieron como uno de los profesores del Recinto de Río Piedras que explicaba una cátedra de lingüística hispánica. Cosa que me tenía sin cuidado y de la cual no me ufanaba.
Si escribo estos renglones es para manifestar mi repudio a todo tipo de prejuicios lingüísticos y culturales. He experimentado personalmente la mojigatería cultural que reina entre algunas técnicas y técnicos de currículo en el Departamento de Educación de Puerto Rico. Recordemos la ocasión en que una novela de Olga Nolla fue censurada por ese mismo departamento. Aducían que había palabras eróticas de mal gusto. Con la ayuda de un ordenador conté palabra por palabra, llegué a la conclusión que del corpus léxico total, solo aproximadamente el .007% era de palabras eróticas, pero generalizadas y cultas. ¡Qué no sabrán decir nuestros maestros y nuestros estudiantes a estas alturas donde la pornografía está por todos lados! ¿ Por qué no censuran a la TV, a la corrupción oficial?
Y ahora, recientemente, con juicios falaces y baladíes, se censuran libros de autores puertorriqueños e hispanoamericanos. Una censura a nuestra literatura es un ataque frontal a nuestra cultura. Todavía soy de los que creo que hay esperanzas y que las personas comprenderán que NO HAY BUENAS NI MALAS PALABRAS, SINO BUENAS Y MALAS INTENCIONES. Una vez más los orondos funcionarios de Instrucción pública demuestran su ineptitud y desconocimiento, por no decir “incultura”.
